A veces ves, por unos segundos, el cielo despejado
y parece que el simple hecho de ser consciente de ello
atrae a las peores nubes a tu habitación,
y llueve.
A veces el cambio de presión que siente el suelo
tras unos saltos de aparente alegría
se trasladan a la pared
tras unos golpes de evidente tristeza.
Y entonces, mis manos se relajan,
y duelen,
y me doy cuenta de que esto no es un poema
sino lo que se dona a la Cruz Roja...
Y entonces se para el reloj,
y parece que el mundo exige a gritos que dimita el soñador
mientras el hijo de puta tiene un cargo vitalicio.
Y vuelvo a sentirme solo,
entre la niebla de mis pensamientos, mis ilusiones,
y, es entonces cuando la palabra 'esperanza'
pierda todas las letras menos la 's' de soledad,
y me siento solo.
Es entonces cuando mi pálpito frena,
cuando el corredor se para, exhausto,
pero no ha acabado la carrera...
El resto sigue corriendo,
el público sigue gritando,
pero no veo mi nombre en las pancartas,
y estoy cansado...
Y pienso en el final de ese túnel
y lo que me espera,
lo que quiero pensar que me espera
por el bien de lo que queda bajo mis costillas,
que, créeme, sigue latiendo,
pese a todo, sigue latiendo...
Y es entonces cuando hasta la fe
se burla de mí,
llamándome idealista,
y no tengo a qué agarrarme
porque la noche es tan cruel como hermosa,
es la dama más celosa que se encarga de que,
durante ocho horas,
ni un solo rayo de sol ose presentarse ante mis tristes retinas,
y estoy triste.
Y respirar ya no cuesta tanto
como hace unos minutos,
y ya no hay humo saliendo de ese Revólver,
y puedo escribir dos frases seguidas sin romper el papel
y gritar que cuándo va a venir alguien a salvarme,
que solo no puedo,
y estoy confuso.
En momentos como éste,
hasta un Jazz sonaría desafinado
y hasta Panero me resultaría aquello que unos llaman 'cuerdo',
y es posible que mi paradójico estado
me llevara a gritar a la luna que se marche
como grita el niño enfadado a su madre que salga de la habitación
tras haber fracasado ante lo que podría haber sido su primer beso.
Y normal que así no quieran acercarse los rayos de sol,
quizá no es culpa de la noche...
I D E A L I S T A,
que sí, que vale, que mi felicidad es imposible,
que mi bandera no existe, que vivo en las nubes
porque aquí abajo regáis los jardines con gasolina
y llueven cerillas.
I D E A L I S T A,
por supuesto.
Teniendo un cielo lleno de estrellas,
¿Cómo asumir que no existe lo interminable?
¿Acaso no es ser idealista pensar
que alguien ahí arriba nos escucha?
¿Acaso no es ser idealista pensar que
el tiempo hace justicia, sabiendo que
nosotros mismos somos nuestros abogados en ese juicio
cuyo final es más que previsible?
¿Acaso no es ser idealista pensar que un trabajo,
un traje, un coche y un ascenso va a llenarte el pecho
como mi habitación se llena de preguntas a partir de las once de la noche?
¿Acaso no es ser idealista pensar
que el idealista es un pasajero
de un tren que, irremediablemente, se dirige al borde del precipicio?
Silencio.
Yo estaba sonriendo,
han sido apenas unas horas,
pero estaba sonriendo.
Y no, el cielo no había cambiado de color,
las personas seguían caminando acelaradas por la urbe
sin percatarse de un mundo real,
mi buzón seguía con telarañas,
mis folios seguían llenos de tinta
y mi cama llena de letras,
pero Yo estaba sonriendo,
estaba sonriendo...
y no lo entiendo.
La luna me ha puesto una orden de alejamiento,
y no sé si lo que brilla al final del túnel son unos ojos
o la luz de un coche patrulla,
pero acabaré sangrando en ambos casos.
Me da igual, seguiré caminando,
el dolor es una señal de que sigo vivo,
una bengala en la isla desierta del conformismo.
Y entonces repaso los últimos veinte minutos,
y cierro los ojos,
y llueve,
y me siento solo,
y estoy cansado,
y estoy triste,
y estoy confuso,
y no es culpa de la noche,
y sigo asumiendo 'lo interminable',
y este tren se dirige al borde del precipicio,
y no lo entiendo
y la luna...
La luna me ha puesto una orden de alejamiento
Rondo - La luna me ha puesto una orden de alejamiento