domingo, 9 de febrero de 2014

Rondo - Libre


Tengo tus ojos entre sien y sien,
y, sinceramente, caben a la perfección.
No supe qué lugar era el idóneo para aislarme de la urbe y del ruido
de una ciudad asesinada por la rutina
hasta que descubrí el refugio de tu pelo.

Ahora sonrío antes de subir la persiana,
y ya no me acuesto esquivando llamas ni sorteando cerillas
que yo mismo fabriqué,
porque me trajiste agua y no gasolina,
quizá eres ese arco iris que sigue a la tormenta,
o las bengalas que iluminan las barricadas
transformando el miedo en una hermosa Aurora Boreal.

Mi pecho ya ha perdido su afonía,
y ya podré cantar mis canciones tristes sin estar triste,
poniéndole un tono de esperanza
que provoque un escalofrío en la espina dorsal del que me sienta,
pero sin autodestruirle.

Me miraste como nadie lo hizo,
por eso te quiero como nadie lo ha hecho.
Ya no me emborracho insatisfecho
con lo que no he hecho, ni me pongo la capucha
para esconderme del acecho de la impotencia de no tener cartuchos.

Ya no planeo atentados contra la luna,
ni espío a las estrellas desde el rincón más inspirador,
pero doloroso,
de mi habitación.
Ya no me siento al borde de la cama
como el poeta se sienta al borde del precipicio,
viendo pasar las horas como el niño perdido ve pasar los trenes
sin subir a ninguno a falta de dinero para comprar un billete,
pero con una maleta cargada de destinos y sueños por cumplir.

Ahora sonrío antes de subir la persiana,
y si en mi habitación hay fuego, será para hacer una hoguera
y prender todo lo que hizo que este pájaro se diera con el techo.
Me miraste como nadie lo hizo
y por eso te quiero como nadie lo ha hecho

Rondo - libre

No hay comentarios:

Publicar un comentario