viernes, 7 de febrero de 2014

Rondo - Hoy



Hoy abrí los ojos y esbocé una sonrisa,
antes de subir la persiana siquiera,
y me levanté como un niño el día de Reyes
para apuntar a las agujas del reloj
como mi revólver más preciado
para que los minutos pasaran más rápidos.

Hoy cerré la llave del gas,
metí mis poemas más dolorosos en una mochila
e hice las paces con Guillermo Sánchez,
y el bosque no ha ardido.

Hoy recordé que ayer miré a la vía
y me planteé lo innombrable,
y hoy miro a tus ojos
y consigo lo imposible,
y entonces el idealismo se convierte en la constitución
de la anarquía de mi mente,
en la que solo tú tienes derecho a pedirme con los ojos
que ondee una bandera.

Hoy preparé una celda musical
para que tú coloques con tus finas manos,
sin saberlo, las más hermosas notas musicales
que jamás haya apresado una partitura,
y sé que, por primera vez,
ya no tendré miedo cuando tenga que correr
si tu cuerpo roza con el mío en el camino.
Pues las explosiones que suenen atrás
que todos perciben, aterrados, como amenazas,
nosotros sabremos que no son más que nuestras cerillas
prendiendo la urbe que no sabe entender a un corazón compartido e idealista.

Hoy volví a renunciar a torturarme con baladas desquiciadas
por la locura de poetas sumidos en la tristeza,
y preferí que la tenue vibración de tus cuerdas vocales
volviera a acariciar mis tímpanos,
curando las heridas que creí incurables en mi pecho,
limpiando mi sangre de los ojos
como el mar limpia, suave, con su sal
los arañazos de los pies del más valiente, pero al fin y al cabo solitario,
explorador.

Hoy descubrí qué es lo que brilla al final del túnel,
y no es un coche patrulla,
ni un incendio,
ni la luna,
ni una estrella.

Lo que brilla al final del túnel
son dos ojos negros,
y me alegro del accidente
y mis heridas lo comprenden...


Hoy quiero vivir.

Rondo - Hoy

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