jueves, 30 de enero de 2014

Rondo - Como el humo...


Como el humo,
como el pájaro que nunca fue invitado a salir de la jaula,
como el niño que descubre que el que viene sin ser invitado
se marcha sin que lo echen.

Las manos permanecen quietas,
pero no escriben,
se atraganta la decepción en mis dedos,
y salen las mismas palabras que rondaron mi cabeza durante meses
en un pasado del que creí haber sido desahuciado.

El silencio creo que no confía en mí,
le he vuelto a contar mi historia
y él jamás me ha contado por qué permanece callado.

Inestabilidad en una cuerda tensa a 200 metros de altura,
de qué me sorprendo?
No me busquéis los que no queréis encontrarme,
no disparéis los que no queréis matarme.

Harían falta muchos suspiros
para contar la historia que me llevó al boli,
pero hacen falta muchos más para cantar
la que aún me arrastra al desierto en el que vomito tinta
para resignarme a otra resaca de un etílico de alucinaciones
en las que salían atardeceres y dejaba de jugar al solitario.

En momentos como este sonreir es un delito,
al menos en la dictadura de aquí dentro.
Hay toque de queda fuera de mi habitación,
y me da que hoy tampoco triunfará la revolución.

Que más vale que me preocupe más por las fechas de mis viajes,
que por el número de billetes,
y por mucho que sueñe, más vale que me vuelva a poner la manta
que aquí hace frío por las noches.

Nací tirando la anilla, no la granada,
y moriré gritando que yo tiré la piedra.
Entre estas líneas solo hay espacios en blanco,
ya ves, así de simple y materialista parezco cuando sufro.

Que no soy agresivo?
Te juro que me inmolaría junto con todos los Guillermos que no he sido,
en un lugar lejano,
no vaya ser que derrumbe la casa que un trabajador honrado haya construido.

Que ni espero cambios ya, ni tampoco que os importe,
pero sigo teniendo en mente irme con mi mochila al Polo Norte,
a ver si ahí no piso los mismos charcos en los que siempre me ahogo,
una y otra y otra y otra vez,
y oigo una voz descojonándose,
me está costando tanto hacerme fuerte...

Que suelto las frases sin pararme a pensar si las entenderéis,
¿qué cojones cambiaría el hecho de que lo hagáis?
¿Que suspiréis?
No sé con quién estoy hablando,
a veces pluralizo cuando me enfrento a mí mismo.

Yo que creí que me habían desahuciado del pasado,
pero creo que el silencio me ha cogido cariño.
Un brindis por todo lo que no he sido,

un brindis por que este vaso esté envenenado.

Rondo- Como el humo...



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