Miro al mar y oigo tu nombre,
lo juro,
aunque vivo en la ciudad
y soy sordo de nacimiento
y poeta de muerte.
La felicidad es otra forma de conducir,
yo llevo el sonido de tu aliento
entre sien y sien
en las trincheras
y así no oigo los disparos.
Me coloco con tu perfume
y salgo al campo de batalla
y entonces,
la muerte ya no me da miedo.
Rondo- Soldado - 26.4.14
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