martes, 5 de noviembre de 2013

Rondo - En medio de un jardín


Estoy buscándome entre risas circunstanciales
y llantos condicionados,
¿Quién dijo manicomio? Teniendo esta habitación...
Me cansé de extender la mano cada mañana
y no sentir tu cuerpo,
de asomarme a la ventana
y de que siguiera siendo invierno...

Si hiciera pesas levantando lo que llevo aquí dentro,
igual tendría fuerza para derribar ese muro
y por fin llegar a esa tierra de la que tanto me hablasteis,
Pero aquí solo veo arena,
y la única flor que había os la llevasteis,
o se marchó...
No sé, es igual.
Al fin y al cabo yo solo era un puñado de arena en medio de tu jardín.

Un día que me encuentre con fuerzas y motivado,
dedicaré la mañana a quitar las piedras de mi tejado,
y le echaré la culpa a algún vecino,
aunque sepamos quién las tiró.

Ya no voy a encerrarme
para gritarme lo que nunca te atreviste a susurrarme,
y a imaginarme hablando un idioma que quizá nunca aprenda.
Me pesan los párpados casi tanto como la conciencia,
pero te juro que no hay sangre en mis manos,
ni en mis planes...

Solo tengo guardado un extintor
por si se acerca el frío infierno,
pues todo el calor que se puede sentir ya lo sentí
cuando te vi, o creí hacerlo...
Después me olvidaste, sin saberlo.
No es muy positivo lo que fluye por mis arterias, la verdad,
pero acabaré por donar a la cruz roja mi cuaderno.

No lo llames tortura,
la tortura finaliza con una confesión, aunque sea falsa,
y en de esta celda, aunque confesara el peor atentado,
ya no creo que salga.

Puedo llenar el vaso un suspiro de cada siete,
de cada treinta, de cada doce...
y así encontrar formas más ingeniosas para decirte
lo mucho que te eché de menos.

Puedo subir a la montaña más alta,
y gritar Revolución,
que la dictadura del miocardio
seguirá con su represión...
Supongo que me mandará más nubes,
o quizás días nublados
como si de este Estado se tratase,
para que nunca más osara a aspirar
a eso que unos locos llamamos libertad.

Igual un día me levanto y pregunto con los puños
al sordo, ciego y mudo de ahí arriba,
que aunque se  aprenda a palos,
¿por qué la vida está empeñada en darme clases intensivas?

Igual solo sería feliz
sin mí.
O simplemente no supe ver
que yo no era más que un puñado de tierra
en medio de un jardín

Rondo - En medio de un jardín

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